Cuando la represión emocional te asfixia

Aún recuerdo la expresión de asfixia de Estela mientras me hablaba de su nueva relación…

“Quiero soltarme, de verdad que sí. Pero me resulta tan vergonzoso y tan vulgar que una mujer como yo, a mi edad, ande haciendo esas cosas y enamorándome como una chiquilla… Él me anima, quiere oírme gemir cuando lo hacemos, quiere que me disfrace, que me ponga esa lencería (por llamarlo de alguna manera) de cuero que me compró, ¡pero si hasta me hace cosquillas por la calle! Y en parte, me gusta, claro que me gusta… me hace sentir joven, loca… pero, no puedo permitirme ese tipo de comportamientos, ¿qué dirían en la oficina si me viesen?”

Algunas personas sostienen que, hoy en día, en estos tiempos modernos en los que vivimos, la emoción ha tomado ventaja y está cada vez más alejada de la razón. Que la inteligencia emocional va abriéndose paso y cada vez somos más conscientes de lo que ocurre en nuestro mundo emocional. Que hemos aprendido a fluir con nuestras emociones.

Pero, sin embargo, si observamos más de cerca y raspamos esa realidad aparente, descubriremos que ese cambio de paradigma no es tan real como lo pintan. Las consultas están llenas de personas que, como Estela, se sienten asfixiadas por sus emociones, que no las comprenden o no las procesan, porque piensan que no es adecuado dejar salir esa parte “primitiva” y “vulgar” que nos acompaña.

Y, si hablamos de hombres, los casos se multiplican. Es así.

Tantas reglas para sentir apropiadamente terminan por ejercer un fuerte control sobre lo que ocurre en nuestro interior. O al menos lo intentan.

No estoy diciendo que debas andar por la vida como una loca expresándolo todo y diciendo cualquier cosa que se te pase por la cabeza. Pero sí que debes tener en cuenta que mantener bajo censura tus sentimientos y hacer de la prudencia emocional una religión, te hará perder el contacto con una parte muy importante de ti misma. La inteligencia emocional no consiste en controlar todas tus emociones y mantenerlas bajo llave. Si continúas bajo esa premisa, corres el riesgo de convertirte en una persona, sí, sensata, juiciosa, madura, reflexiva, contenida… pero también aburrida y amargada.

Es cierto que hay ciertas emociones potencialmente negativas, como la ira, los celos o la venganza, peligrosas en caso de no saber gestionarlas, pero hay muchas otras que deben asimilarse y vivirse sin tanto recato.

Todo esto me lleva, de hecho, a una reflexión sobre la que quiero que tú también pienses. Y es que hay cosas que sólo valen la pena en su extremo, y se apagan o se pierden en la discreción. No me imagino como sería tener un orgasmo contenido, que no se rebase a sí mismo y que sea lo más moderado posible… ¿tú te lo imaginas? Y, como eso, muchas emociones más:

  • Si ganas un premio importante
  • Si la persona que amas te confirma que es recíproco cuando creías que no
  • Ver un amanecer junto a tus amigos
  • Leer la novela que más te gusta o volver a ver una película que te emociona
  • La tristeza de un niño que pierde su globo
  • Abrazar a tu madre (o a un ser querido) después de meses sin verla…
  • Encontrar a tu hijo en el parque cuando creías que se había perdido

En fin, que si toda manifestación emocional tuviese que ser prudente y en su punto, para que fuésemos todos modelos de cordura… explotaríamos por dentro.

Si te aíslas en tu propia cárcel de prejuicios y normas irracionales, vivirás abatida todo el tiempo que dure el encierro. Deja que el fuego de las emociones positivas te ilumine, y que tu mayor defecto sea sentir la vida y palpitar con ella hasta las últimas consecuencias.

-¿Hace cuánto que no le dices te quiero, efusiva y pasionalmente, a la gente a la que amas de verdad? Le pregunté a Estela en nuestra última sesión.

-Ella, inhibida y templada en su manera de ser, me respondió: ¿Para qué? Ellos ya lo saben, no es necesario decírselo.

-¡Pues reafírmaselo!

-Van a pensar que estoy loca.

Si su entorno llega a pensar que Estela ciertamente está loca por sentir y expresar sus emociones, sin duda sufren también de graves restricciones emocionales.

Y esto tiene un nombre: Alexitimia.

La Alexitimia es un trastorno psicológico y/o neurológico que implica, entre otras cosas, la incapacidad de leer, procesar y manifestar las emociones. Las emociones te brindan la oportunidad de comportarte de manera diferente ante distintas situaciones y funcionan como un impulso que te guía hacia tus metas. También te dan informacion para facilitar la toma de conciencia de lo que tu cuerpo está experimentando. Cada emoción trae consigo un mensaje específico y si aprendes a descifrarlo, aumentará tu capacidad de adaptación.

Anularlas, coartarlas o disimularlas indiscriminadamente, como le ocurre a Estela o a personas altamente perfeccionistas, puede hacer que tu sistema biológico y psicológico se desorganice. Las emociones no procesadas correctamente quedan almacenadas en una memoria afectiva y pueden hasta minarte el sistema inmunológico, generar insomnio, contracturas musculares y desorden conductual, entre otras muchas alteraciones.

Juega, diviértete, deja caer la máscara de adulto con el ceño fruncido y vuelve a la infancia, a la ilusión, a las risas. Oscar Wilde decía a través de uno de sus personajes: “Es absurdo dividir a la gente en buena o mala; la gente, o es encantadora, o es aburrida.”

No seas de las segundas.

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Ana Cruz

Psicóloga Sexóloga

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