El primer paso para pasar del estancamiento al diálogo en pareja

Álex y Mara eran las dos caras de una misma moneda. Pero esa moneda llevaba demasiado tiempo dando vueltas en el aire, sin parar.

Mara es demasiado emotiva y se queja de que soy frío. Pero yo creo que ella es demasiado exagerada en sus reacciones y a veces se descontrola. Tal vez es demasiado sensible. Para mí la mejor forma de enfrentarse a situaciones emocionales es ser racional, no dejar que las emociones nos desborden. Mi mujer dice que soy distante, y siempre me lo está reprochando. Estoy harto.

Soy una persona muy emotiva, sí, pero es que Álex es demasiado frío. A veces llego a sentir incluso que es “falso” conmigo. Es muy distante, como si no estuviese presente. Casi nunca sé lo que siente. Esta diferencia entre nosotros me exaspera.

Si tú y tu pareja os sentís estancados en un problema que no podéis resolver, te alegrará saber que otras parejas manejan conflictos similares. Lo veo a diario en consulta. Tú quieres tener hijos, él no. Él es una persona casera, tú saldrías cada día. Él quiere que paséis más tiempo juntos, tú necesitas tu propio espacio individual.

Cuando uno está estancado, parece imposible contemplar el conflicto como si fuese una alergia con la que se puede convivir. Pero lo cierto es que podemos hacerlo. El objetivo, en muchas ocasiones, no consiste en resolver el problema, sino en pasar del estancamiento al diálogo.

Para salir del estancamiento…

Primero, tenéis que comprender su causa.

Tanto si el problema es trascendental (tener hijos o no), o trivial (cómo doblar las servilletas en la mesa), el estancamiento indica que tenéis ciertas historias previas que no están respetando. Al decir historias me refiero a esperanzas, aspiraciones y deseos que forman parte de la identidad de la persona y que dan propósito y sentido a la vida. Estas historias pueden ser muy prácticas (por ejemplo, el deseo de ahorrar cierta suma de dinero), o mucho más profundas.

Muy a menudo, estas historias más profundas permanecen ocultas mientras las más rutinarias se apilan sobre ellas y son más fáciles de ver. Por ejemplo, bajo el anhelo de tener mucho dinero puede haber una necesidad profunda de seguridad.

Estas historias y sueños no tienen por qué ser dañinas para la relación. Pero pueden causar problemas si permanecen ocultas o si la pareja no las respeta. Cuando esto sucede, tal vez empieces a tener peleas abiertas sobre el tema, o tal vez el tema quede soterrado y se exprese sólo de forma simbólica. En este último caso, tu pareja puede pensar que el motivo de la pelea es salir o no a cenar fuera los sábados, pero el conflicto real es mucho más profundo que una salida a un restaurante.

Lo segundo, es no restarles importancia a las historias del otro.

¿Por qué otras parejas manejan con tanto éxito esos conflictos mientras que vosotros os quedáis estancados? La diferencia está en que una pareja emocionalmente inteligente comprende que uno de los objetivos de la relación es ayudar al otro a realizar sus sueños. Las parejas felices incorporan los objetivos de su pareja en su concepto de relación. Estos objetivos pueden ser concretos, como vivir en cierto tipo de casa u obtener una carrera universitaria, pero también pueden ser intangibles, como el deseo de sentirse a salvo o de vivir la vida como una gran aventura.

El modo de tomar decisiones en una pareja con éxito se basa en el respeto mutuo y el reconocimiento de las aspiraciones del otro.

Si uno de vosotros (o ambos) no aprecia la importancia de apoyar los sueños del otro, el estancamiento es casi inevitable.

Crecí en una familia en la que todo se discutía. Nos encantaba discutir unos con otros. Mi padre solía hacerme una pregunta, cuestionar mi respuesta, y luego asumir una postura totalmente contraria a la mía. Entonces comenzaba el debate. Desde niño fue así. Pero en estos debates estaba prohibido dejarse llevar por las emociones. En cuanto alguien se apasionaba demasiado el debate terminaba. De modo que mi familia valoraba mucho la capacidad de mantener el control de las emociones. Y todavía es así. Sí, tal vez debería ser más emotivo, pero no he recibido esa educación. Mi sueño es ser fuerte, y para mí ser emotivo es una debilidad.

Soy una persona emotiva. Para mí la vida consiste en sentir, en estar en contacto con las cosas, en responder a ellas. Eso es lo que debería significar la palabra “responsable”: ser capaz de responder, de reaccionar. Es lo que más valoro. Reacciono ante todo lo que me rodea, me emociono con la arquitectura, el arte, los niños, los cachorros, las competiciones deportivas, las películas, todo. Ser emotiva es para mí estar viva. Así es como me educaron, y me alegro. Mi sueño es compartir mis emociones con la persona que quiero. Si no es posible, la relación me parece falsa.

Álex y Mara tendrán que seguir trabajando para amoldarse a la postura del otro, es cierto. Esto puede que les lleve cierto tiempo. Pero el diálogo que ya se ha iniciado les ha permitido acercarse, comprenderse un poco más, y dejar de juzgarse

Intenta esto con tu pareja:

Escoge un problema estancado y escribe una explicación de tu postura. No critiques ni culpes a tu pareja. Utiliza el ejemplo anterior como guía, teniendo en cuenta que Álex y Mara no hablan mal del otro en esa explicación, sino que se centran en lo que cada uno necesita, desea y siente sobre la situación. Escribid a continuación la historia que se oculta bajo tu postura. Explica de dónde proviene y por qué es tan importante para ti.

Una vez tu pareja y tú comprendáis las historias que están provocando el conflicto, es el momento de que habléis de ello. Cada uno puede hablar durante quince minutos. No intentéis resolver el problema, porque puede ser contraproducente. El objetivo es simplemente entender por qué el problema os afecta tanto a cada uno.

Si quieres conocer más detalles de cómo llevar a cabo esta tarea, no te pierdas esta semana las publicaciones en mis Instagram (@anacruzpsicologia) y Facebook (Ana Cruz Psicologia y Sexologia).

O escríbeme y os ayudaré a salir del estancamiento que está ensombreciendo vuestra relación. Álex y Mara ya lo han conseguido, han acercado posturas y han encontrado la forma de convivir con ello sin que sea fuente de conflicto. ¿A qué esperáis vosotros?

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Ana Cruz

Psicóloga Sexóloga

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