Cómo tu historia y tu infancia afectan a tus relaciones actuales

Teoría del apego, cómo la relación con mamá y papá te afectan hoy a tus relaciones, cuando buscas figuras parentales en tus parejas… estoy segura de que todo esto te suena, y mucho.

Y tiene una explicación. Tu historia familiar tiene mucho que decir en tu situación actual. No es casualidad que hayas escuchado tantas teorías sobre ello. Es una realidad.

Hoy no quiero saturarte con la Teoría del Apego, en qué consiste, y cómo afectan los apegos a tu relación contigo misma y con los demás… pero quiero darte algunas pinceladas para que empieces a comprender la importancia que tiene todo esto, y el peso que tiene en tu día a día, por muy increíble que suene.

Los vínculos afectivos, como el apego, nacen de la evolución del ser humano como especie. Con el aumento del desarrollo del individuo y el incremento de la longevidad como consecuencia de este, surgió la necesidad de cuidado como medio de supervivencia. Una vez superados los vínculos físicos que se establecen durante el embarazo, serán los afectos con otros los que nos proporcionen la estabilidad y seguridad necesarias para sobrevivir (Ciara Molina, 2017).

Un/a niño/a que no ve cubiertas sus necesidades afectivas en la infancia (caricias, abrazos, besos, arrullos, etc.) puede convertirse en un adulto con carencias emocionales. ¿Es esta una situación irreversible? Por supuesto que no, pero es determinante.

Y, ¿a qué me refiero cuando hablo de necesidades afectivas? Es espectro es muy amplio, pero incluye conductas como:

  • Acunar y mecer, simulando el vaivén del vientre materno.
  • Cantar, ya que la música calma y ayuda a desarrollar sentidos.
  • Alimentar, siendo interesante la lactancia materna, aunque no determinante.
  • Mostrar ternura mediante besos, miradas cariñosas, caricias, masajes, etc.
  • Lenguaje cariñoso y asertivo conforme nos hacemos mayores, ya que ayuda a formar una autoestima sana y fuerte.
  • Saber escuchar, sentir que nos entienden y nos valoran.
  • Tener empatía.
  • Hablar de sentimientos y emociones propias, ya que favorece el crecimiento personal.
  • Mantener comportamientos de forma coherente.
  • Incrementar el tiempo de ocio juntos

¿Qué se consigue con esta serie de comportamientos?

Si nuestras figuras de apego, cuidadores principales, han logrado reunir gran parte de los aspectos que te he contado, como niñas nos habremos sentido seguras, sosegadas ante las diferentes circunstancias que la vida nos ha presentado y habremos experimentado placer y bienestar en aquello que pensamos, sentimos y hacemos, lo que es la clave de un saludable equilibrio emocional en nuestra fase adulta.

¿Cómo afecta todo esto, entonces, en nuestro desarrollo como mujeres? A través de una serie de ventajas y desventajas.

Las ventajas emocionales de un vínculo afectivo saludable…

  • Nos convertimos en adultas más seguras de nosotras mismas, con una autoestima más sana.
  • Fomenta y mejora nuestra comunicación con los demás.
  • Demostramos una mayor cercanía en la relación los otros (somos más extrovertidas, más sociales, más intrépidas, más atrevidas a la hora de conocer a nuevas personas, etc.).
  • Desarrollamos mejor el concepto de empatía, es decir, ponernos en el lugar del otro tratando de entender sus emociones.
  • Reducimos los niveles de competitividad y agresividad.
  • Aprendemos a valorarnos por lo que somos y no por lo que tenemos.
  • Nos mostramos más comprensivas con las demás personas, aunque estas pasen por momentos difíciles y tensos.
  • Nos ayuda al desarrollo afectivo, social y cognitivo, lo que contribuye de este modo a un desarrollo sano e integral.

Las desventajas de un vínculo afectivo poco saludable…

  • Se perjudica el desarrollo afectivo y social de la persona. Si no nos han enseñado a abrirnos emocionalmente, podemos desarrollar una intimidad emocional que nos convierte en personas retraídas y con dificultad en las relaciones afectivas de larga duración.
  • Si hemos tenido una infancia poco afectiva podemos tener dificultades en identificar aspectos emocionales del lenguaje, como es la comunicación no verbal (lloros, sonrisas, tono de voz, intensidad, etc.).
  • Tendemos a no comprometernos en pareja.
  • Podemos establecer relaciones conflictivas, ya que los patrones a los que hemos sido expuestos en la infancia tienden a repetirse.
  • Nos hacemos esclavas de nuestra intimidad, convirtiéndonos casi en inaccesibles.
  • Podemos presentar problemas en nuestra vida que nos hacen sentirnos tristes o afligidas, y no sabemos cómo gestionarlo. Nos faltan herramientas eficaces.
  • La comunicación se vuelve conflictiva o inexistente.
  • Nuestras relaciones tienden a caracterizarse por la desconfianza y el miedo.
  • Nuestra autoestima suele ser baja y se genera inseguridad, desvirtuando el concepto que tenemos de nosotras mismas.
  • Se favorecen ideas y pensamientos negativos sobre las relaciones interpersonales.

¿Y qué pasa con la sexualidad? ¿Puede verse afectada por la solidez de los vínculos afectivos de nuestra infancia? La respuesta es sí.

  • Se ha descubierto que la oxitocina presente en la conducta de cuidado maternal también lo está en la conducta sexual, por lo que se sugiere un lazo biológico entre el cuidado, el sexo y el apego.
  • Unos lazos emocionales seguros favorecen la proximidad, la sensibilidad y la intimidad en las relaciones sexuales.
  • A través de los vínculos afectivos se refleja la pasión sexual que la persona adulta pone en sus relaciones íntimas: ternura, agresividad, compromiso de pareja, etc.
  • La satisfacción sexual ha sido definida a menudo como consecuencia del compromiso y la compatibilidad entre dos personas.
  • La relación sexual, con sus vivencias asociadas de excitación, contención y conexión emocional, ayuda a instaurar el vínculo erótico y amoroso, convirtiendo la sexualidad en un nexo de unión o de conflicto, según hayan sido dichas vivencias previas.
  • El sistema de apego es visto como la base para el establecimiento y el mantenimiento de relaciones románticas, es decir, la sexualidad viene de la mano de lo que aprendimos respecto al amor y las formas de manifestarlo y sentirlo que nos mostraron como referencias en la infancia.
  • En la adultez, el funcionamiento del apego y el cuidado está relacionado con la conducta sexual y la valoración de si los roles de cada compañero son recíprocos.
  • Cuando estos vínculos no son seguros o sólidos, el perder el amor de la persona a la que queremos o fracasar en la conquista sexual puede dejar secuelas en el sentimiento que se tiene respecto de sí mismo.

Como ves, tu historia tiene mucho que decir en la forma en la que te relaciones hoy en día contigo misma y con los demás. Aunque suene a cliché, tus experiencias y los modelos de relación a los que te han expuesto desde la infancia, han favorecido el desarrollo de tu propio modelo actual de relación.

Por eso, el autoconocimiento es tan importante los procesos terapéuticos que iniciamos. Conocer tu historia te ayudará (y me ayudará, como tu guía) a entender mejor las situaciones a las que te enfrentas ahora, y sentará las bases para el desarrollo de una estrategia que hará de puente entre tu sufrimiento y el bienestar que tanto deseas.

¿Quieres empezar a entenderte mejor? Cuéntame tu historia.

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Ana Cruz

Psicóloga Sexóloga

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